Madre,
Misionera
Artesana de Paz y Reconciliación

Hermana María Troncatti encarna una maternidad profunda, enraizada en su intimidad con Jesús y alimentada por la oración constante. Esta dimensión la lleva a testimoniar el amor del Padre con ternura, hasta el punto de que los indios shuar la llaman cariñosamente «madrecita». Con paciencia educa a la paz y al perdón en un contexto de conflicto, acogiendo al necesitado y ofreciéndole afecto y seguridad. Su filialidad mariana con María Auxiliadora se transforma en una maternidad educadora que la convierte en «auxiliar» de las personas que le son confiadas.
La vocación misionera de la hermana María nació desde su infancia. Mientras soñaba con trabajar entre los leprosos, acogió con entusiasmo su destino en Ecuador, entre la gente de la selva amazónica, afirmando: «con todo mi corazón voy allí». En tierra de misión, aplica el «Yo voy» salesiano y el Sistema Preventivo, dedicándose en particular a los jóvenes y a la promoción de la mujer, a menudo penalizada por la cultura local. Su pasión contagia a quienes la rodean, inspirando a las jóvenes a convertirse en «verdaderas misioneras».


Desde hace 47 años, Hermana María Troncatti se dedica incansablemente a educar para el perdón, la reconciliación y la paz entre colonos y shuar, en un contexto dominado por la venganza. Tratando a todos indiscriminadamente, aconseja a las mujeres que siembren bondad, justicia e igualdad, creyendo en su poder educativo para formar futuras generaciones respetuosas. A pesar de las tensiones, se ofrece como víctima de la reconciliación, consiguiendo frenar la venganza y ser escuchada como mensajera de paz. Su legado de fraternidad sigue guiando a colonos y shuar incluso después de su muerte.